Montilla

Al sur de la provincia de Córdoba se encuentra el municipio de MONTILLA.

Históricamente destaca por ser cuna de Gonzalo Fernández de Córdoba  Gran Capitán, nacido en 1453 en el castillo cuyas ruinas presiden la ciudad, propiedad de su padre, Pedro Fernández de Córdoba, Señor de Aguilar.

Es famosa por la calidad de su uva Pedro Ximénez, de la que se elaboran los  vinos generosos característicos de esta tierra  y junto con la cercana Moriles y otras localidades cordobesas integra la comarca vitivinícola con Denominación de Origen Protegida Montilla-Moriles. En la actualidad también está cobrando mucha importancia el aceite que se produce en esta tierra, prueba de ello este cuenta con el amparo de la Denominación de Origen Protegida Aceite de Lucena.

La privilegiada situación geográfica de Montilla le ha permitido contar siempre con variados y frescos productos, como los pescados de Málaga, carnes de la sierra y verduras de las huertas que, realzados con los diferentes vinos de la tierra, han dado lugar a muy personales recetas, como son las alcachofas a la montillana y los riñones al montilla.

Un apartado especial merecen los dulces. Hechos con el zumo de la uva están las gachas de mosto, al que se le añade almendras y harina, y el arrope, mosto hervido hasta que se queda muy reducido. Son típicos los dulces que se elaboran alrededor de las distintas festividades del año, como las tortillas de Pascua, gachas de los Santos, borrachuelos y pestiños por Semana Santa e incluso las castañas y nueces son tradicionales comerlas por el día de la Aurora, así como en todas las celebraciones y fiestas populares las tradicionales sopaipas o sopaipillas.

Las tierras albarizas de Montilla son suelos de primera calidad en la obtención del vino. Junto a las altas temperaturas, han sido muy propicias para que haya arraigado la predominante variedad de cepa Pedro Ximénez, originaria del Rin, de donde se cuenta que fue traída por un soldado de los Tercios de Flandes llamado así.

La crianza del vino de Montilla-Moriles se realiza en botas de roble americano mediante el sistema de soleras y criaderas, consistente en ir mezclando parte de los vinos más nuevos, situados en los niveles superiores, con los vinos más viejos, de las filas inferiores, dejando para el consumo los vinos que están sobre el suelo o soleras.

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